11 de septiembre de 2012

La chica coreana evangélica

Tardó en hablarme. Esperó a que me sentara a su lado en la 101-D y que comenzara a leer el libro de Ana Escoto. Sacó un folleto de su cartera y esperó un poco más. No sé por qué, un momento, casi furtivamente, me comenzó a hablar. La cosa, si mal no la recuerdo, comenzó más o menos así:
―¿Usted cree en Dios, verdad?
―¿En cuál dios?
―¿No cree en Dios?
―Soy budista.
―¿Budista?
―Sí, budista. ¿No conoce el budismo?
Hizo cara de «¿Y este maje de qué está hablando?» pero con ojos chinitos.
―No ―encogiendo los hombros.
―¿De qué país es usted?
―Corea.
―Qué raro que no conozca de budismo, es originario de Asia. Japón, India y hasta su país tiene una amplia tradición budista de más de 2500 añ...
Cada cosa que decía la iba poniendo más tímida, hasta que guardó su folleto y vio por la ventana. Sin embargo yo moría porque me contara su trip, que me mostrara sus cromos y explicara su cosmogonía, por lo que le continué hablando:
―¿Y usted de qué religión es?
―Evangélica... ¿Quiere saber?
―Claro.
Sacó de nuevo su folleto y me empezó a hablar del Dios Cristiano, apoyándose en sus cromos poco diseñados y feos, pero que, en dicha situación, me parecían muy interesantes. En toda la plática, en la que de vez en cuando me hacía leer partes de los cromos, quiso darme a entender, como si fuera un niño de siete años, de que Dios no puede ser solo, que los católicos han dado relevancia a la Imagen Masculina de Dios. Peo que existe una Imagen Femenina...
―¿Le gustaría estudiar más esto?
Leyó el silencio que hice y dudó en sacar la mano de su cartera.
―Sí.
Al escuchar esto sacó un folleto y me dijo que atrás estaba su nombre (Hyemin) y números.
―¿Me puedes dar tu nombre, número o tu dirección?
―Me encantaría pero me bajo en la próxima parada, pero mucho gusto, me llamo William...
William, sí. En ese momento recordé la frase que abre la segunda parte del libro de Ana, escrita por William Blake: «Toda cosa posible de creer es una imagen de la verdad.»