11 de enero de 2012

La catedral

«Deseo dejar muy bien en claro que la Iglesia, siempre ha estado y estará en favor del arte; de modo especial estamos comprometidos en promover y defender el arte nacional y por eso nos ha dolido tomar esta decisión. Además sentimos mucho haber causado tristeza y dolor, al Artista y a su Familia, a quienes les rogamos tengan la bondad de disculparnos. Me es grato hacer un público reconocimiento a Don Fernando Llort…». Cinismo. Del mismo que anuncia en su cartelera lo de «vida sucia, corazón limpio». Si no somos éticos, al menos seamos estéticos. Off the record: «Quien pregunte de los mosaicos recuérdenle que uno de los mandamientos es no mentir.» En el Arzobispado de San Salvador con toda seguridad hicieron un checklist de todos los errores de comunicación posibles. Y hasta el momento los han cumplido toditos al pie de la letra. Epic fail: hay que saber mentir o hay que decir la verdad y mostrarse humano y no divino. Eso de Arquitecta (a la tipa que «representa» a «Servicios Inmobiliarios Molina») no se lo cree ni Dios (el Gran Arquitecto, según algunos). Buenas razones hay aquí para creer lo contrario. Entre otras cosas, el DIH protege no sólo a las personas no participantes en hostilidades o que han decidido dejar de participar en enfrentamientos, sino también prevé el uso de algunos signos distintivos que se pueden emplear para identificar a personas, bienes y lugares protegidos. Sería bueno marcar todos los edificios y todas las casas y marcarnos todos nosotros, porque ya no se sabe nada en esta película llena de buenos y malos a conveniencia. La Iglesia es una institución medieval, aunque haya llegado a este siglo: no hay que tomar tan en serio su apertura, su democracia, su comunidad, su armonía, porque más parece una campaña de RSE sacada de la manga y la comunicación sin acciones que le respalden, es nada. Y, en fin, estamos lejos de lo hermoso: «Durante cien años o más, el mundo, nuestro mundo, ha estado muriendo. Y, en estos cien últimos años aproximadamente, ningún hombre ha sido lo bastante loco como para meter una bomba por el ojo del culo a la creación y hacerla saltar por los aires. El mundo está pudriéndose, muriendo poco a poco. Pero necesita el coup de grâce, necesita saltar en pedazos. Ninguno de nosotros está intacto y, sin embargo, tenemos en nuestro interior todos los continentes y los mares que separan los continentes y las aves del aire. Vamos a consignar la evolución de este mundo que ha muerto, pero que no ha recibido sepultura. Estamos nadando en la superficie del tiempo y todo lo demás ha naufragado, está naufragando o va a naufragar. Será enorme, el libro. Habrá océanos de espacio en que moverse, transitar, cantar, bailar, trepar, bañarse, dar saltos mortales, gemir, violar, asesinar. Una catedral, una auténtica catedral, en cuya construcción participará todo aquel que haya perdido su identidad.»

La realidad


Todas mis inconsistencias (o no correspondencias) con la realidad provienen de ver a Gonta, el de «¿Puedo hacerlo yo?», comer bolas de arroz. Para comenzar, eran bolas de arroz de papel/cartón. Luego, él, que era una especie extraña de animal, ganaba las bolas de arroz por hacer algo de lo que Noppo, su estilizado amigo, desarrollaba. Para terminar, Gonta tenía boca, pero comía las bolas de arroz no a través de ella. El ser que vivía en Gonta, que lo hacía moverse, metía las bolas de arroz por debajo de la cabeza (máscara), mientras la boca se movía, haciendo sus característicos sonidos que sólo Noppo entendía. Demasiado. Los «chinos-japoneses» son unos pervertidores de menores.