14 de febrero de 2011

Bad romance: Epílogo o «Tango tango tanto dolor»

«Rencor, tengo miedo
de que seas amor.»
Luis César Amadori

12 de febrero de 2011

Bad Romance: Te amo o Cuestión de lecturas

«Ella no es nada
sólo fue un triste pasado»
(con sintetizador hacia el final)
Makano

Triángulo. Figura básica e innegable. MachoAlfa-reggaetonero-pelopintado que lo niega. «A la mierda la geometría». Esconder el sol con un dedo. Escena común. Ella NO es NADA. Doble negación. Igual. Afirmación. Ella es ALGO. Algo???. Eso. Dos puntos. Algo. No-Alguien. Reivindicación no-tan-velada de MachoAlfa-Reggeatonero-pelopintado. ///// Sólo FUE UN TRISTE PASADO. (No concibo el Sólo sin tilde, por más que lo diga la RAE.) Frase sospechosa. Cuestión de lectura. Dos puntos. (De nuevo.) Admisión de un posible ES (ella, algo) UN FELIZ PRESENTE. «Débil aprobación». Aplausos que son seguidos de un adjetivo. (Últimos) Dos puntos. Grabados. Sintetizador para el final. <+3. Tres veces.

10 de febrero de 2011

Bad romance: Wilde y Bosie o Las consecuencias

Wilde tenía 37 y Bosie 21, y cuesta trabajo creer cómo este pequeño demonio pudo hacer todo lo que expresa el propio Wilde en De profundis o La tragedia de mi vida, como originalmente se llama el libro. Sobre todo eso: cómo pudo hacer lo que hizo con uno de los hombres más brillantes de su época. Bosie fue más brillante en ese sentido.
La primera mitad de De profundis es insufrible. Dejé varias veces su lectura. Sin embargo hay párrafos como el siguiente que te dejan clara la situación.
«Voy a empezar diciéndote que me culpo terriblemente. Aquí sentado en esta celda oscura, vestido de presidiario, infamado y hundido, me culpo. En las noches de angustia perturbadas y febriles, en los días de dolor largos y monótonos, es a mí a quien culpo. Me culpo por dejar que una amistad no intelectual, una amistad cuyo objetivo primario no era la creación y contemplación de cosas bellas, dominara enteramente mi vida. Desde el primer momento hubo demasiada distancia entre nosotros. Tú habías estado ocioso en el colegio, peor que ocioso en la universidad. No te dabas cuenta de que un artista, y sobre todo un artista como soy yo, es decir, aquel en el que la calidad de la obra depende de la intensificación de la personalidad, requiere para el desarrollo de su arte la compañía de ideas, y una atmósfera intelectual, sosiego, paz y soledad. Tú admirabas mi obra cuando la veías acabada; gozabas con los éxitos brillantes de mi estreno, y los banquetes brillantes que los seguían; te enorgullecías, y era muy natural, de ser el amigo íntimo de un artista tan distinguido; pero no podías entender las condiciones que exige la producción de la obra artística. No hablo en frases de exageración retórica, sino en términos de fidelidad absoluta al hecho material, si te recuerdo que durante todo el tiempo que estuvimos juntos no escribí nunca ni una sola línea. Fuera en Torquay, Coring, Londres, Florencia o en otros lugares, mi vida, mientras tú estuviste a mi lado, fue totalmente estéril e improductiva. Y con escasos intervalos estuviste, lamento decirlo, siempre a mi lado.»
Después de tantos y tantos detalles de peleas, de plantones, de alejamientos, de reencuentros, de dudas y demás inconvenientes, en la página 98 (de mi edición, of course), la cosa cobra sentido, la cosa vale la pena, la cosa cambia. Este hombre ya no es el que reniega de lo que le ha pasado: ahora lo acepta como uno de los pasos más en el desarrollo de su genialidad, pues se va muy por arriba de los hechos, comprendiendo y profundizando en su situación. Wilde escribe desde la cárcel y lo que dice es sumamente conmovedor. He aquí un pequeño compendio de lo que más me impactó.
- Y el resultado de todo esto es que aún tengo que perdonarte. Sí, tengo que perdonarte. No escribo esta carta para llevar amargura a tu corazón, sino para arrojarla del mío.
- Yo necesito decirme que ni tú ni tu padre, ni cuando os multiplicaseis por mil, podíais haber perdido a un hombre como yo. Que soy yo mismo quien me he destruido. Que nadie, por grande o pequeño que sea, puede perderse si no es por sus propias manos.
- Olvidé que la más íntima de las acciones cotidianas forma o destruye el carácter, y que, por lo tanto, algún día habremos de gritar desde el tejado lo hecho en el secreto de la alcoba.
- Soy bastante más individualista que antes. Fuera de lo que uno lleva en sí, todo me parece carecer en absoluto de valor.
- Soy por esencia antinomista, y formo parte de aquellos para quienes no rezan las reglas, sino la excepción.
- Yo quiero poder llegar a decir con toda sencillez, sin hipocresía, que mi vida tuvo dos momentos decisivos: cuando mi padre me envió a Oxford y cuando la sociedad me mandó a la cárcel.
- Y a veces me parece como si yo hubiese probado –si es que ello en realidad necesitaba tal demostración- que entre la gloria y la infamia sólo media un paso, y quizá todavía menos.
- Y aunque la vida fuese –cual seguramente lo es- un problema para mí, yo también soy un problema para la vida.
Palabra de Wilde.
Lo que no logro tragar es que Wilde al final de la carta quiera, esperanzadamente, volver a ver a Bosie. Parece no tener escarmiento. Parece que dos años en la cárcel no han sido suficientes. Parece que las conclusiones filosóficas y poéticas a las que ha llegado no son algo que valga la pena. Parece que aún lo ama. Parece que su romance es de esos malos, malos, malos.
Y Bosie tan inerme y delicado que se ve. A saber qué tenía para volver loco a Wilde.

8 de febrero de 2011

Bad romance: Pollock y Krasner o No quiero a nadie entre nosotros

«En algún momento me parece más interesante Krasner que Pollock. Y es que Pollock quizá no habría llegado a ser Pollock sin Krasner. Bien dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer (jajaja, nunca creí que iba a decir esto en la vida y en el blog).
El momento más crucial, relacionado a lo anterior, es cuando Pollock, ebrio, le reclama a Krasner sobre el por qué no han tenido hijos. “No quiero a nadie entre nosotros, Pollock”, le contesta. Y esto se llena de mucho significado porque las mujeres (¿y los hombres?), en uno u otro momento, tarde o temprano, anhelan tener un hijo. Y todavía más porque Krasner también pintaba, y había dejado de hacerlo por Pollock, por dedicarse a él exclusivamente, por “manejarlo”. Es decir, negó dos situaciones que podrían llevarla a la autorrealización, y todo por Pollock. Pero, a estas alturas de la vida, uno duda de los motivos por los que Krasner se atrevió a renunciar a todo. ¿Era tanto el amor que le profesaba al pintor en cuestión o estaba por medio toda la fama y dinero que Pollock podría llegar a tener (y que tuvo)? Este punto creo que es el que más vuelve interesante a Krasner.»

6 de febrero de 2011

Bad romance: «Diego y yo» o Los accidentes

«Yo he sufrido dos accidentes graves en mi vida; uno, en un autobús que me tumbó... el otro accidente es Diego.»

Frida Kahlo en Wikipedia

4 de febrero de 2011

Bad romance: Rodin y Claudel o Se acabó

Hay quien dice que ella fue mejor artista que él, que ella terminaba o detallaba las esculturas. Hay otros que dicen que ella era simplemente su musa y que eso valía más que su obra. Etecés, etecés. Lo cierto es su apasionada historia. Un bad romance que terminó con ella en un manicomio y con él en un pedestal. Hay quien dice, a pesar de su bad romance, ahora, que eran inseparables.

2 de febrero de 2011

Bad romance: Rimbaud y Verlaine o We should make a bargain

«A veces habla con un dialecto tierno de la muerte que ocasiona el arrepentimiento de los hombres tristes que, sin duda, existen, de las tareas dolorosas y despedidas que parten el corazón. En las cabañas donde nos emborrachamos, lloró viendo a aquellos que nos rodeaban. Un hormiguero de pobreza. Levantaba a borrachos en las calles peligrosas, tuvo la compasión que una mala madre tendría por sus hijos, se movía con la gracia de una niñita, fingía saber de todo. Los negocios, el arte, la medicina. Lo seguí. Tenía que hacerlo.»

Verlaine en el inicio de Total eclipse.