23 de diciembre de 2011

Infinite play o Endless play

Doler y quedar, morir un rato, no saber. Tweetear que necesitás «ilusión, sueño, mentira, ficción», porque la estructura del mundo, la cual es tan sólida y estable, se te cae; porque alguien dentro tuyo, que no sos vos, se quiebra en las filas de los supermercados, en los bancos, mientras esperás cambiar un cheque que te hará feliz, mientras ves un padre con su hijo y pensás que querés tener un hijo y amarlo, besarle la espalda cuando la cajera te entregue el dinero porque la pasarás lindo (saber que en el fondo lo que hubieras querido y querés sin esperanza es que tu padre lo hubiera hecho). «Una canción, de eso se trata nuestra vida, nada más que eso». De eso sí, porque esa canción te salva y te hunde completamente en vos mismo. Vos sos la canción. (Le das infinite play, que pase una y otra vez hasta llegar al trance. Pensar que podría ser infinite play o endless play, pero que eso sólo depende de cuánto drama querés. Descubir que escribís tantos y y y y y por lo mismo.) Y te comenzás a ver desde afuera, a escuchar desde afuera, tendido, desnudo, como si fueras un satélite dando vueltas alrededor del mundo que sos. Como si fueras un espejo esférico. Como si fueras todo el mundo, todas y cada una de las historias, y como si al caer vos se cayeran todos contigo. «Y hay otra canción, sin dirección, una señal en la oscuridad, significados de algún lugar». Otra canción. Esa otra canción que tiene miedo, que está igual de perdida que vos, que actúa a la defensiva porque es la única forma conoce, que todo le hiere, porque, al igual que vos, no sabe «qué pasa, qué es lo que realmente pasa» o lo sabe todo perfectamente.

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