29 de abril de 2010

Autoentrevista a lo Truman Capote (I)

¿Cuál es mi palabra favorita?
- Amor.

¿Qué pienso del dinero?
- Que me hace falta.

¿Cuál sería mi mayor desdicha?
- No amar.

¿Qué cambiaría de mi vida?
- Nada.

¿Cuál es mi ideal de felicidad perfecta?
- Amar a quienes amo.

¿Qué significa la familia?
- Las personas con las que crezco.

¿Qué cualidad prefiero en la mujer?
- La negación de la tradición.

¿Qué cualidad prefiero en el hombre?
- La determinación y la constancia para cumplir lo que se propone.

¿Qué me atrae primero de un hombre o una mujer?
- De un hombre: su torso, sus antebrazos, sus manos, su rostro, su transparencia, su claridad de objetivos. De una mujer: exactamente lo mismo.

¿Cuál ha sido el momento más romántico de mi vida?
- Ayer mismo, en una cama.

¿Qué le deseo a mi peor enemigo?
- Lo mismo que él me desea a mi.

¿Qué pienso cuando veo a un anciano?
- Que me tengo que apurar en hacer las cosas que tengo que hacer.

¿Qué me da vergüenza?
- Cuando digo algo de lo que no tengo seguridad y soy corregido.

¿Qué me quita el sueño?
- Las ideas, algunas de ellas fijas y no del todo originales.

¿Qué lugar me gustaría visitar antes de morir?
- El más allá.

26 de abril de 2010

Es que uno se sorprende

de las “personalidades” que vienen a parar al país.

Willie Maldonado ha dicho en una reciente entrevista de Séptimo Sentido de LPG que ¿Quién quiere ser millonario? “es un formato de educación, de conocimiento, de emoción, de confrontación, que es muy satisfactorio”. (Nada más estúpido y vacío y estructuradamente falso y falto de competición y nada entretenedor que dicho programa.)

Una semana después, en la misma revista, pero en el Cuestionario 7S, Paolo Suárez, un uruguayo que juega fútbol en el país, dice que la música que lo pone de buen humor es el reggaetón; que su ideal de felicidad perfecta es que su hijo juegue en a Copa Mundial; que su mayor desdicha sería que a su hijo no le guste el fútbol (padres y madres, por favor, no se proyecten en sus hijos, vivan su vida, busquen algo interesante qué hacer); que sólo tiene un amigo y en Uruguay; que el momento más feliz de su vida será cuando se case; que sí cree en la inmortalidad del alma y que le da un poco de miedo; que no admira a ningún personaje salvadoreño, porque casi no mira televisión, ni escucha radio (¿a quién podría admirar entonces? ¿a la Choly? ¿al gordo Max?); que a Dios le pediría, de tenerlo enfrente, la paz para el mundo y que paren las enfermedades y el hambre (me cae mal todo el mundo que quiere eso); que el acontecimiento histórico que quisiera borrar es el de las torres gemelas, porque fue algo feo y desesperante (¿?); que con un millón de dólares se compraría cinco o seis casas y cinco o seis buses y luego podría un comedor para ayudar a las personas que no tienen nada qué comer; que su superhéroe favorito era Batman; que el personaje histórico que le hubiera gustado ser es Batman (no, no me he equivocado al repetirlo); y que ya cumplió lo que soñaba de chico: jugar al fútbol.

23 de abril de 2010

Cuando da pena ajena

«¿Satanas anda suelto?» se titula la columna de Evangelina del Pilar de Sol, publicada en EDH del 4 de abril de 2010 (ver nota). Les comparto sólo los más penosos párrafos de columna.

«Sí, Satanás anda suelto, y sus representantes terrenales viven felices ayudándolo, para así, al morir irse todos al infierno a “gozar” su “achicharradora” eternidad.»

«Iguales están algunos socios locales de Satanás, que creen que vivirán eternamente y que para ellos no habrá más allá; pero éstos, aunque no crean en el “chimbolero”, o cambian, o ya creerán cuando estén en él.»

«Terminarán también, profundamente abajo, quienes avalan asesinar por el aborto a los niños no nacidos, como esas feministas autodenominadas “católicas por el aborto”, que con su seudónimo pretenden confundir, olvidando que todo/a católico/a conoce el quinto mandamiento, “no matarás”.»

«Deben sumarse también a satánicos pedófilos, entre ellos los peores: padres violadores de sus propios hijos/hijas; maestros, parientes, pastores o sacerdotes confesos, a quienes los progenitores confiaran el cuidado de hijos/as. Violar a un inocente niñito/a además de crimen execrable, es un asesinato a la vida futura de una criatura.
No obstante, en nuestra Iglesia Católica, por cada sacerdote retorcido, existen millares de santos sacerdotes guiándola y manteniendo ardiente nuestra fe cristiana.
¿Estará cerca el Apocalipsis? Las señales se están dando.»

***

Me da pena desde el título y la inmediata respuesta de la columnista. Tal parece que, como es de todos sabido, las personas más religiosas son las que más publicitan a Satanás (por aquello que sólo quien cree en su existencia conoce el poder del mismo) (recuerdo que a Ghandi le interesó la figura de Jesucristo en algún momento de su juventud, sobre todo el Sermón del Monte o de la Montaña. Pero cuando lo increpaban del por qué no se convertía al Cristianismo, él respondió que no lo hacía porque lo que buscaba era eliminar el pecado de su ser, eliminar la maldad y cualquier energía negativa que lo afectara, cosa que en el Cristianismo, con su sempiterna y representativa imagen de Satanás, no podría lograr nunca).
Fanatismo es una palabra que no cabe dentro de una columna de periódico, aunque sí en una iglesia o en un estadio. Y aquí la palabra fanatismo está escrita en cada palabra. “Achicharradora”, “chimbolero” y las demás que no cito no son sólo palabras que demuestran esto último, si no también palabras que no caben dentro de una figura llamada “líder de opinión”. Se corre el riesgo de ser “peligrosamente irracional”, para utilizar palabras de la misma autora.
El tema del aborto es sumamente discutible. Lo que quiero objetar es el juicio final de la señora. «Todo/a católico/a conoce el quinto mandamiento, “no matarás”». Seguramente ella no recuerda las Cruzadas, la Santa Inquisición, lo que la Iglesia hacía y sigue haciendo: seguramente no vio la televisión cuando un sacerdote nacional bendecía las armas de las tropas que partían hacia Iraq, en “labores de reconstrucción”. Una de dos: o es pecadora por omisión o se ha tomado muy en serio el perdón público que pidió Juan Pablo Segundo.
Y aún así, al final, pretende levantar La Imagen De La Iglesia Católica, que mantiene “ardiente nuestra fe cristiana”. “Ardiente” (como Infierno, Apocalipsis que profetiza ella misma) es quizá la única palabra certera que ha escrito.

20 de abril de 2010

Separadores que unen

Es de todos sabido cuánto me gustan los libros. A ellos viene a parar todo. Me gustan tanto que a veces no me gustan, que a veces los odio y no los quiero ver y los dejo de ver y no se enojan por eso. Al menos eso creo. No concibo cómo podría vivir sin haber leído Un tal Lucas o Tarumba o Certeza de la duda o Huxley y Dios o el de Klein o La ilustre familia androide o Carta al padre o El otoño del patriarca o Tao te ching o El túnel o El canto a mí mismo que quizá los contiene a todos. Y como leo (lentamente, pero leo), también uso separadores de lectura. Y cuando ya no los uso, los guardo, no sé para qué. Han sido tantos, desde los creados para ser separadores de libros hasta los hechos por mi, los improvisados (viñetas de cerveza Suprema, tickets de supermercado, cine o bus, envoltorios de dulces, etecés), los perdidos y muchos otros. Les comparto un top five totalmente inútil y aburrido de mis separadores de libros, los que han lamido más palabras que yo, que me limito a lamerlas con los ojos.


Estos dos son los más viejos. El primero dice “2001”. Tenía 18 años, que es cuando comencé a leer (sí, antes no lo hacía). El otro me gustaba por artesanal y rosa.


De estos dos puedo decir que son los que más he usado. El de Ménen Desleal lo ajé porque era muy duro. El de Calvin y Hobbes lo pegué sobre cartón y lo laminé (qué freaky esto). Son estas dos historietas que ya he publicado antes en este espacio.


Y el más reciente y muy querido, que será llevado por mucho tiempo, por su color y forma y simbolismo wannabe. Ya sabrán que no soy católico ni cristiano, pero éste, literalmente, me ganó el alma. “No tiene precio; el precio se lo pone su corazón”, dijo el chico que lo vendía. Y no le dí nada, porque las cosas que de verdad salen del corazón no tienen precio. Además, él dijo que era un “separador de Biblia” y yo la Biblia no la leo muy seguido (qué feo que lo único que lee el salvadoreño promedio sea la Biblia; qué feo que alguna gente, políticos algunos, todavía quiera implementar su lectura obligatoria en las escuelas).
Cómo son las cosas, venir este Salmo a ser tentado por las pasiones ocultas del erotómano Henry Spencer Ashbee, a estar juntito a las letras heréticas de Blake, a besar las imprecaciones y papas travestis y vergas negras y grandes como barrenos de Vallejo.

16 de abril de 2010

IWTBF

Quiero una de éstas!

13 de abril de 2010

Philip Pearlstein



Me gustaron sus pinturas y lo que leí en un libro de crítica o subastas (¿hay diferencia?) que no puedo citar porque no lo anoté porque no quise. Esto: “Arranging his figures in strong diagonals, Pearlstein turns the dynamic Abstract Expressionist Lines of Franz Kline into flesh”.

10 de abril de 2010

Yves Tanguy


“…y ya se sabe que uno puede detestar con mayor razón lo que se conoce a fondo.”
Ernesto Sábato en El túnel

Siempre detesté a Tanguy, sin mayor razón. O bueno, creo que sí tenía razones: su monotonía, su “poca imaginación”, su pasividad, su desidia en general. (Como ya se habrán dado cuenta, de quién realmente hablo es de mí. Uno siempre habla de sí mismo, aunque hable de los demás, de una piedra, de una goma de mascar pegada bajo el asiento de un autobús de cualquier ruta o de Yves Tanguy.) La foto de él que he publicado, que fue tomada por Man Ray, me parecía odiable simple y sencillamente. Quizá todo era que me quedaba sin poder decir nada después de ver una de sus pinturas, una sensación de no sé qué misterio, vacío.
Pero últimamente creo que he llegado disfrutar su pintura. He estado leyendo muchas páginas en la web y he encontrado cosas interesantes de su vida, de su obra. Por regla general no cito cosas que encuentro ahí, pero éstas me gustaron mucho y están firmadas (¡no se fíe!):

"Tanguy había estado loco en el pasado, por lo que estaba exento de incorporarse al ejército francés. Poseía un carácter encantador, era modesto y tímido, y tan adorable como un niño. Tenía poco pelo (el que le quedaba se le ponía de punta cuando se emborrachaba, lo que por desgracia sucedía muy a menudo) y unos piececillos muy bonitos de los cuales estaba sumamente orgulloso. A mi me tenía mucho cariño y en una ocasión me dijo que podía pedirle lo que quisiera, pero por aquella época yo continuaba enamorada de [Samuel] Beckett. Su exposición obtuvo un gran éxito, y vendimos gran cantidad de cuadros, pues por aquella época el Surrealismo empezaba a ser conocido en Inglaterra. Como consecuencia de ello Tanguy se encontró de pronto con que era rico por primera vez en su vida y empezó a tirar el dinero a diestra y siniestra. En los cafés solía hacer bolitas con billetes de una libra y lanzarlos a las mesas cercanas. A veces llegaba al extremo de quemarlos. En París tenía un gran amigo, un pintor rumano llamado Víctor Brauner, que cuidaba de su gato Manx mientras él estaba en Londres. Tanguy le mandaba al gato un billete de una libra todos los días, pero en realidad el dinero iba destinado a Brauner, que era muy pobre."

Peggy Guggenheim en Confesiones de una adicta al arte

“¿Qué se esconde tras sus paisajes petrificados? No lo podemos decir exactamente, pero se intuye algo terrible. La pintura de Tanguy es el silencio que antecede a la catástrofe. Es como un bulto tras una cortina, la amenaza de algo brutal que va a acontecer… Yves Tanguy culmina toda una tradición de paisajistas románticos y esta tradición no es otra que la pintura de lo sublime, esto es, del terror. Tengo la sospecha de que entre el arte de Tanguy y el de un artista romántico como Friedrich se tejen secretas afinidades. La figura de espaldas que contempla un paraje nublado en el conocido cuadro de Friedrich El viajero ante el mar de nubes bien se podría trasladar a los escenarios lunares de Yves Tanguy. Este personaje está observando un paisaje fantástico y extraño -un mar de nubes-, una geografía surreal e informe, una especie de sueño. Este universo onírico es también el del artista surrealista. A partir de Friedrich el paisaje se imbuye de una profunda melancolía, está cargado de inquietudes y presagios. El sentimiento trágico que sobrevuela la obra del pintor alemán se proyecta también en los enigmáticos y fantasmagóricos paisajes de Tanguy. El arte, para los románticos, era el arte de cerrar los ojos. Los paisajes de Friedrich no son tanto una mirada al exterior, como una exploración del yo interior. Lo que observa aquel personaje de Friedrich, más que el mundo sensible, es el fondo de su alma. En este sentido, Yves Tanguy hizo una declaración -de las pocas- muy reveladora: “Me divierte imaginar lo que hay detrás de la colina. ¡Deseo tanto representar esas cosas de detrás de la colina que nunca veré!”. Al igual que los románticos, el arte de Tanguy es pura imaginación, es también un arte de cerrar los ojos. Pero cuando se pinta con los ojos vendados, lo que resulta es un retrato o una radiografía del alma. Los paisajes extraordinariamente nítidos de Yves Tanguy son la expresión de otro paisaje, el paisaje interior del hombre moderno. Bien es verdad que las pinturas de Tanguy se podrían interpretar también como una naturaleza muerta, en el sentido más literal de la expresión. Pues él concibe la pintura en términos tradicionales, esto es, como una especie de caja perspectiva en la que va fijando sus escenografías. Un teatrín en miniatura, donde se disponen sus personajes mineralizados… Pero en este teatro, todo está muerto, todo está ausente. Acaso lo que pinta Yves Tanguy -y lo que provoca tanto desasosiego- sea precisamente esto: una ausencia. Tal vez el protagonista de sus paisajes no sean esas formas orgánicas o pétreas, sino lo que ha desertado de ellas. Y en este sentido tendríamos que convenir que lo que contiene realmente la pintura de Tanguy es un fantasma, una naturaleza -paisaje o alma- en ruinas, propia de las cosas que han sido abandonadas por el deseo y por la vida.”

Jaime Vidal Oliveras (no me pregunten quién es... jajaja)

***

Quiero ver Tanguy, la película, ¿alguien la tiene?

7 de abril de 2010

Lo mismo (de siempre)

“y estas son mis dos heridas:
el inicio de tus alas.”
Dennis Ávila

“El rumbo de tus sueños coincide
con mis pesadillas.”
Enrique Bunbury

4 de abril de 2010

La historia

Uno piensa en algo en lo que muchos han pensado ya. Y llega a conclusiones a las que muchos han llegado ya. Eso ya se ha dicho. Ya lo he dicho.
He leído en muchas partes (libros, páginas) que no recuerdo, sobre todos en obras de poesía (que es la más mentirosa de las artes), que la historia de la humanidad es la historia de un hombre. Así es que uno puede identificar en qué momento histórico está viviendo. Esto no tiene nada que ver con la edad, como decir “tengo 15 años y por eso estoy en la Edad del bronce” o “tengo 60 años estoy en la Edad Contemporánea, decadente”. No. Es algo más cualitativo que cuantitativo. Podría tener más de 100 años y corresponder al Mesolítico (que algunos dicen que no existe), ser prehistórico pues. O podría tener 10 años y ser de una Edad que no ha llegado aún. Cuestión de genialidad.
Explícole el trip. La cosa es identificar que cosas se están moviendo dentro suyo, qué fuerzas están tomando su lugar, que ideas están rondando su cabeza.
En mi caso, hombre de finales del siglo XX, todo indica que estoy dejando la Edad Media, entrando a la Edad Moderna: no creo en la dualidad cuerpo-espíritu, en el Dios cristiano, en el matrimonio y cualquier cosa proveniente de ahí, he descubierto la imprenta y me apasiona (creo que quedaré fijado en esto) y mundos nuevos que antes no conocía(¿?), me gusta la perspectiva, pero sobre todo aplicado al cuerpo humano, lo que los artistas llaman escorzo, creo que los griegos –aunque los admire y me caigan mal a la vez- son yucas y dejaron pocas cosas sin descubrir o comprobar, lo que me vuelve un renacentista en ciernes…
En general creo que el Renacimiento será difícil de superar, aunque como todo hombre de finales del siglo XX tenga resabios de otros tiempos entre éste último y la actualidad, todo mezclado y enrevesado.
De ilustración escogí el Autorretrato de Albrecht Dürer, quien “hizo constar su edad: 26 años”, según lo leí en “Cien obras maestras de la pintura” de Marcial Olivar. 26 años, como yo en la actualidad.
¿Y usted cuándo (¿y dónde?) está?

1 de abril de 2010

El desbarrancadero

Sí, el de Fernando Vallejo. Siendo un “narrador en primera persona” ("No concibo otra forma de escribir que en primera persona. Es la única real y sincera, porque ¡cómo va a saber un pobre hijo de vecino lo que están pensando dos o tres o cuatro personajes! ¡No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia del cerebro va a saber lo que piensa el prójimo!"), Fernando, no siento que haya escrito en este libro de 2001 nada nuevo que no esté ya en La virgen de los sicarios, de 1994. No sé si será porque La virgen de los sicarios fue el primer libro suyo que leí y que me impactó demasiado o porque de verdad no hay nada nuevo.
La virgen de los sicarios fue un golpe bajo. Como sólo los golpes bajos pueden ser. Es un pequeño librito anárquico y tan real en el que la poesía, la cruel poesía, asoma por cada una de sus páginas. Éste es más de lo mismo, pero quizá por ello –que ya estoy habituado y masoquista-, necesito más, como en Canción animal. Más de lo mismo: el papa travesti, los colombianos, los taxistas, su familia, sus muchachos… toda esa enfermedad encarnada en la humanidad. Y los perros (y talvez las ratas), que siempre están más arriba en la jerarquía de Fernando.
Puta, es que a veces pienso que el episodio cuando encuentran un perro en un lodazal, un día antes de sea asesinado Alexis, es insuperable. Ahí comienza el verdadero desbarrancadero de la humanidad para Fernando.

Hay algo que no entendí.

No logré coincidir esto

“Y juntos (el narrador y Darío, su hermano) seguimos hasta el final en que nos acogió en su asilo de ancianos la que empieza con eme.
A él en Medellín, en la casa de Laureles, atiborrado de morfina. A mí unas horas después, en mi apartamento de México, cuando me dieron la noticia por teléfono. Me encontraron con el aparato en la mano, azuloso, translúcido, rígido…” (Página 193 de la edición de Punto de lectura)

con esto otro, al final del libro, página 232

“Entramos en una explanada (el narrador, que se ha ido de huyendo de Colombia y de la vida, y el taxista). ¿Llano Grande? Las llantas del taxi seguían surcando los charcos, y la lluvia doliente cantando su salmodia. Sonó el teléfono y contesté: era Carlos para darme la noticia de que acababa de morir Darío. En ese instante entendí que se acababan de cortar mis últimos vínculos con los vivos. El taxi se iba alejando, alejando, alejando, dejándolo atrás todo, un pasado perdido, una vida gastada…”

Por lo demás, buen libro para momentos en que uno quiera “putear con eco”, como dice Benedetti.