Es de todos sabido cuánto me gustan los libros. A ellos viene a parar todo. Me gustan tanto que a veces no me gustan, que a veces los odio y no los quiero ver y los dejo de ver y no se enojan por eso. Al menos eso creo. No concibo cómo podría vivir sin haber leído
Un tal Lucas o
Tarumba o
Certeza de la duda o
Huxley y Dios o el de Klein o
La ilustre familia androide o
Carta al padre o
El otoño del patriarca o
Tao te ching o
El túnel o
El canto a mí mismo que quizá los contiene a todos. Y como leo (lentamente, pero leo), también uso separadores de lectura. Y cuando ya no los uso, los guardo, no sé para qué. Han sido tantos, desde los creados para ser separadores de libros hasta los hechos por mi, los improvisados (viñetas de cerveza Suprema,
tickets de supermercado, cine o bus, envoltorios de dulces, etecés), los perdidos y muchos otros. Les comparto un
top five totalmente inútil y aburrido de mis separadores de libros, los que han lamido más palabras que yo, que me limito a lamerlas con los ojos.

Estos dos son los más viejos. El primero dice “2001”. Tenía 18 años, que es cuando comencé a leer (sí, antes no lo hacía). El otro me gustaba por artesanal y rosa.
De estos dos puedo decir que son los que más he usado. El de Ménen Desleal lo ajé porque era muy duro. El de Calvin y Hobbes lo pegué sobre cartón y lo laminé (qué freaky esto). Son estas dos historietas que ya he publicado antes en este espacio.

Y el más reciente y muy querido, que será llevado por mucho tiempo, por su color y forma y simbolismo
wannabe. Ya sabrán que no soy católico ni cristiano, pero éste, literalmente, me ganó el alma. “No tiene precio; el precio se lo pone su corazón”, dijo el chico que lo vendía. Y no le dí nada, porque las cosas que de verdad salen del corazón no tienen precio. Además, él dijo que era un “separador de Biblia” y yo la Biblia no la leo muy seguido (qué feo que lo único que lee el salvadoreño promedio sea la Biblia; qué feo que alguna gente, políticos algunos, todavía quiera implementar su lectura obligatoria en las escuelas).
Cómo son las cosas, venir este Salmo a ser tentado por las pasiones ocultas del erotómano Henry Spencer Ashbee, a estar juntito a las letras heréticas de Blake, a besar las imprecaciones y papas travestis y vergas negras y grandes como barrenos de Vallejo.
3 bolas de nieve:
Gústame el de Menen Desleal en demasía, por ajado. Y gustome el top faiv por aburrido.
jajajaja, Nobody, o gay.
Puchica, hasta hoy me di cuenta que tengo otro separador que debí poner aqui entre los más usados. Lo había dejado en un libro que dejé de leer. Hoy lo encontré. Para otra vez será.
Publicar un comentario en la entrada