26 de diciembre de 2009
25 de diciembre de 2009
23 de diciembre de 2009
Manía visual
Esta manía supone la visualización del cuadro en primera instancia, la identificación, la ubicación dentro de la historia del arte que conozco a medias y la relación del mismo con la trama en último lugar, aunque muchas de las veces sólo llego a la segunda acción, dependiendo de lo interesante que esté la película.
Decidí escribir esto después de ver de nuevo Ojos bien cerrados que, dicho sea de paso, está plagada de cuadros hermosos, impresionistas y de las vanguardias, puestos ahí por el genio de Kubrick. Imagine entrar en el bar donde toca el piano el amigo del personaje que interpreta Cruise y toparse con un Matisse, imagine llegar a su consultorio (el del personaje de Cruise) y tener una pequeña galería con algún Kandinsky, otro Modigliani y un Schiele, imagine salir del consultorio y que éste, en vez de enfermos tenga cuadros y cuadros y biombos que parecen de Frankenthaler o Kline (¡otra cosas sería el Rosales!), imagine llegar a casa y tener una pequeña gran galería en cada uno de los espacios (el personaje de Kidman era propietaria de una galería), imagine el dormitorio de los niños y un Miró chistoso sobre la cama (para soñar más rico). Imagine. Un día de estos volveré a ver La naranja mecánica pues recuerdo que es un caso muy parecido.
A veces, con toda seguridad, no sé de quién es la obra de arte. Es el caso de la fotografía que ilustra este post. Este cuadro aparece en La Desconocida del director Giusseppe Tornatore. Me parece que fuera de Keith Haring, pero no estoy seguro. Lo que si puedo decir es que hay todo un discurso entre esa pintura ahí, en ese momento, en que la protagonista escapa por enésima vez de su pasado.
21 de diciembre de 2009
19 de diciembre de 2009
Niño de mentiras
Yo no estaba en casa por la tarde, pero mi madre cuenta que al llegar Rodrigo le enseñó la pintura de Ramírez que se publicó en la portada de la revista. Éste, al verla, salió corriendo hacia el patio, buscando a mi hermana. “Escondela, mamá, escondela”, decía asustado.
¡Ay Rodrigo, tan iconoclasta, tan conocedor, tan de buen gusto, tan de mentiras que sos!
17 de diciembre de 2009
15 de diciembre de 2009
Ecos
Los dos últimos libros me hay llevado hacia lo mismo por muy distintas vías.
Hombre obsesivo salvadoreño obsesionado por un libro escrito por un hombre obsesivo irlandés obsesionado por un hombre obsesivo inglés que escribió tres antologías eróticas obsesivas y que tenía la obsesión de coleccionar libros y grabados-ilustraciones del Quijote que era un hombre obsesivo que quería cambiar el mundo y que le obsesionaban los libros de caballería y que estaba obsesionado por una tal Dulcinea y por los molinos de viento: El Erotómano, la vida secreta de Henry Spencer Ashbee, de Ian Gibson.
Ser real e imaginario que lee a un ser que narra (ficciona) sobre un ser que narra (ficciona) sobre otros seres reales e imaginarios como todos los seres que han existido en muy diversas partes como ecos de seres y sus creencias y sus religiones y sus ideas sobre dios o sobre sus dioses y sus anhelos y sus tristezas y sobre el mundo o sus mundos: O-Yarkandal, de Salarrué.
Hombre obsesivo salvadoreño obsesionado por un libro escrito por un hombre obsesivo irlandés obsesionado por un hombre obsesivo inglés que escribió tres antologías eróticas obsesivas y que tenía la obsesión de coleccionar libros y grabados-ilustraciones del Quijote que era un hombre obsesivo que quería cambiar el mundo y que le obsesionaban los libros de caballería y que estaba obsesionado por una tal Dulcinea y por los molinos de viento: El Erotómano, la vida secreta de Henry Spencer Ashbee, de Ian Gibson.
Ser real e imaginario que lee a un ser que narra (ficciona) sobre un ser que narra (ficciona) sobre otros seres reales e imaginarios como todos los seres que han existido en muy diversas partes como ecos de seres y sus creencias y sus religiones y sus ideas sobre dios o sobre sus dioses y sus anhelos y sus tristezas y sobre el mundo o sus mundos: O-Yarkandal, de Salarrué.
13 de diciembre de 2009
11 de diciembre de 2009
9 de diciembre de 2009
7 de diciembre de 2009
5 de diciembre de 2009
Sucede
Sucede que te encuentras una amiga que no veías desde hace un rato en un centro comercial. Sucede que te sorprende demasiado. Sucede que el abrazo es prolongado y deja ver lo mucho que te extraña y que tú la extrañas. Sucede que en pocos minutos, después de modificar un poco tu curso, vas poniéndote al día en cuanto a su vida y vos vas poniéndola al día con la tuya. Sucede que las clases, que el trabajo, que la familia, que los problemas de siempre. Sucede que se llega al tema principal de todo: el amor. Sucede que el novio de tu amiga acaba de dejarla y que ella está “tranquila”. Sucede que sucede un diálogo como este:
- Lo enterraré, muy en el fondo, como lo hice con mis sentimientos.
- ¿Lo extrañas?
- Diariamente. Es muy raro, no lloré demasiado. No sé, talvez. Talvez sólo se permite cierta cantidad de lágrimas por hombre y mi cuota rebasó.
Sucede que todo te parece parte de una película. Sucede que, un par de meses después, vas donde un amigo al que tenías tiempo de no visitar. Sucede que tu amigo te presta algún cidí y varios dividís. Sucede que un sábado por la noche, un par de semanas después, no tienes qué hacer. Sucede que le das plei a una de las películas que te prestó tu amigo y a media Sex and The City aparece el diálogo de tu amiga y tú, citado arriba.
(Sucede que hasta el anterior punto y aparte termina lo que sería un post particular. Sucede que “tengo la costumbre de saltar de lo particular a lo abstracto”, como confiesa el buen Tennesse Williams. Sucede que lo abstracto podría leerse como lo macro. Sucede que sigo escribiendo sobre lo mismo, pero diferente.)
Sucede que recuerdas lo que dijo Cortázar alguna vez. Sucede que parafraseo: sucede que ya no creo que la realidad vaya a parar a las películas (“libros” decía Cortázar; ficción en general), sucede que las películas deben parar en la realidad. Sucede que es el poder de la ficción, el poder de trasformar la realidad que tenemos. Sucede que ahora exhiben 2012. Sucede que ya nos habían advertido.
- Lo enterraré, muy en el fondo, como lo hice con mis sentimientos.
- ¿Lo extrañas?
- Diariamente. Es muy raro, no lloré demasiado. No sé, talvez. Talvez sólo se permite cierta cantidad de lágrimas por hombre y mi cuota rebasó.
Sucede que todo te parece parte de una película. Sucede que, un par de meses después, vas donde un amigo al que tenías tiempo de no visitar. Sucede que tu amigo te presta algún cidí y varios dividís. Sucede que un sábado por la noche, un par de semanas después, no tienes qué hacer. Sucede que le das plei a una de las películas que te prestó tu amigo y a media Sex and The City aparece el diálogo de tu amiga y tú, citado arriba.
(Sucede que hasta el anterior punto y aparte termina lo que sería un post particular. Sucede que “tengo la costumbre de saltar de lo particular a lo abstracto”, como confiesa el buen Tennesse Williams. Sucede que lo abstracto podría leerse como lo macro. Sucede que sigo escribiendo sobre lo mismo, pero diferente.)
Sucede que recuerdas lo que dijo Cortázar alguna vez. Sucede que parafraseo: sucede que ya no creo que la realidad vaya a parar a las películas (“libros” decía Cortázar; ficción en general), sucede que las películas deben parar en la realidad. Sucede que es el poder de la ficción, el poder de trasformar la realidad que tenemos. Sucede que ahora exhiben 2012. Sucede que ya nos habían advertido.
3 de diciembre de 2009
1 de diciembre de 2009
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