30 de marzo de 2009

15 de marzo de 2009

Herida de aguafuerte

12 de marzo de 2009

9 de marzo de 2009

Dos chicas:

- Quiero ser la novia de él; es bien chulo. ¿Sabés como se había puesto en el Messenger un día de estos?
- No
- “¿Quién quiere ser mi novia?”
- ¡Ah!
- Y quería responderle: “¡Yo!”
- En tu display hubieras puesto eso: “¡Yo!”
- Ayer me conecté y le mande un mensaje, saludándolo. Como a los quince minutos me respondió. Que “estaba comiendo”, me dijo. Y después me dijo que tenía que salir. Se puso como “no conectado”, pero era paja. No quería hablar conmigo, porque en ese rato que yo estuve conectada la foto del display cambió como tres veces
- ¡Qué hijueputa!
- Sí. Bien raro porque antes, cuando nos conocimos y después que salimos, me hablaba a cada rato
- ¿De veras?
- Sí, ese día que salimos yo me arreglé mucho, me pistolié el pelo, me maquillé, me vestí bien
- Ay, ¡tan exagera!
- Ay no (suspiro), ¡malditos hombres guapos!

En la 101-D. Estudiantes de la Matías. Administración o Mercadotecnia (supongo, por los libros que llevaban). Una con todo y cruz de ceniza en la frente. La otra con un cuaderno forrado por ella misma, “personalizado”: verde, amarillo y rojo, y la frase de Bob Marley que tanto me gustaba cuando las frases de Bob Marley me gustaban tanto, allá por el 2000: “Don´t gain the world and lose your soul, wisdom is better than silver and gold”.

6 de marzo de 2009

R. I. P.

No voy a olvidar todo lo que aprendí con él.
Hacerle una pregunta era toda una aventura. El respondía: comenzaba por hablar de una cosa (que no era la respuesta a la pregunta), darle vuelta a media historia del arte (con nombres y fechas y contextos y referencias a otros sucesos no relacionados con la historia del arte), para luego llegar a otra cosa que sí estaba relacionada con la respuesta. En ese momento, él se preguntaba: “¿Por qué te estoy contando esto?”, con su acento cubano, y él mismo se respondía: “¡Ah!, porque…”, y ahí sí, llegaba a la respuesta. Era cuestión de media hora para cada pregunta, pero la respuesta siempre llegaba.
Recuerdos quedan. La vez que le pregunté por el bossa-nova. Cuando nos mostró un concierto de Mauricio (que había sido compañero suyo en Cuba) en el Blue Note de Nueva York. Cuando nos desentrañó el Bolero de Maurice. Cuando escuchamos la novena de Ludwig y nos propuso que miráramos hacia el Volcán de San Salvador, que apreciáramos el horizonte, el cielo azul, las nubes que se deslizaban lentamente… y en ese momento, en que todos estábamos tan etéreos, dijo: “¡para disfrutar de la música hay que ser un poco maricón!”.
Descanse en paz, Dr. Pedro Martínez.

2 de marzo de 2009

Ajá, ahí estaremos