6 de noviembre de 2009

Flashing Galindo

Ya Nadie develó el secreto de la institución poética nacional, David Escobar Galindo: es, aparte de sus muchas facetas, pero sobre todas la más íntima y verdadera, un...
¿Qué podría agregar a esa contundente e irrefutable verdad?
Simplemente algunas fotografías dispersas y menguadas.

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Recién he terminado de leer Pasión del tiempo de David Escobar Galindo, No.29 de la Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña; es el primer libro que leo de él.
Antes, hace unos años y durante unos meses, leí las Historias sin cuento, pero llegó un momento en que la idea de una historia sin fin no me pareció muy agradable. Al menos en ese lapso, no pasaba de lo mismo.

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Un amigo, un día, me habló del Índice antológico de poesía salvadoreña: le parecía bien raro que el autor, Galindo, se incluyera y hablara de sí mismo en tercera persona.

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“La poesía es la reconstrucción de yo”.

En Pasión del tiempo, página 183

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“Lo curioso es que estos poemas comenzaron a escribirse en condiciones muy dramáticas para el poeta: mientras aguardaba, en casa de un amigo, recluido allí día y noche, que los secuestradores de su padre le avisaran en que momento tendría que entregar la cantidad de dinero de rescate.”

Galindo en la nota introductoria de Discurso secreto, página 53,
la cual está firmada por “EL AUTOR”

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Discurso secreto es, con toda seguridad, el único libro que me gustó de los compilados por “el poeta”. A mi ver, sobrepasa el carácter subjetivo del evento que lo origina, volviéndolo una búsqueda universal. Como él mismo lo dice en la nota introductoria “la atmósfera anímica” de este poema se ubica en “esa doble y perturbadora dimensión entre lo real cotidiano y lo real clandestino”, para seguir con que es “una meditación y una confesión al mismo tiempo. Y también un murmullo de angustia”. Por alguna razón (que no encuentro aún) me recordó a Kijadurías, pero sobe todo a Octavio Paz en alguno de largos poemas de Árbol adentro, como Hablo de la ciudad (siempre he tenido la idea que Galindo es a El Salvador lo que Paz es a México) (pensaba hoy en que no depende de los poetas parecerse o no a tal o cual, más bien es uno que los hace parecidos, por un resto de razones). Los demás poemas no los siento.

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Los Ejercicios matinales –que son “poesía del pensamiento”- son interesantes por reveladores, del escritor y del proceso de Acuerdos de Paz. En general, se siente un afán de objetivar la realidad, de volver colectivo el sentir personal. Del yo al nosotros. Él, en muchas partes de este libro, asume su posición.
“En esta mesa hay de todo: Abogados, militares, comandantes, médicos, filósofos… Pero lo extraño, lo significativo, lo sorprendente es que haya dos poetas… Aunque, pensándolo bien, es de lo más natural que la Poesía camine a la par de la Historia por los jardines…”, cuenta. O: “Entre los escritores contemporáneos míos, tengo enemigos gratuitos realmente perseverantes. Su odio me asombra, pero no me conmueve. Su saña me intriga, pero no me desvela. Su furia me sorprende, pero no me asusta. Esos enemigos están enojadísimos porque, según ellos yo soy el peor de los poetas de El Salvador, y dicen que la posteridad inmediata me borrará de un plumazo. Si es así, ¿qué les preocupa?”. Difícilmente será borrado, creo yo, más allá de que sea o no un buen poeta.

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En uno de estos Ejercicios, el segundo hijo de Dalton se le acerca y le pregunta por “su viejo”: “Si él estuviera vivo, ¿dónde cree que estaría?”, a lo que Galindo responde “Aquí, en la mesa de negociaciones”. “¿Estarían enfrentados, entonces?”, y Galindo “Bueno, estaríamos frente a frente”. Este es un curioso altercado, teniendo en cuenta el suceso del Duelo ceremonial por la violencia de Galindo y el poema que Dalton le dedica, como replica: La violencia aquí. Ahora también recuerdo haber escuchado una entrevista hecha a Dalton por una radio de La Habana, en donde le preguntan sobre los jóvenes poetas que según su criterio están despuntando. Dalton, en esa ocasión, responde que hay uno prometedor: David Escobar Galindo.

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“Galindo es un gran escritor y no ofende a Dios y a la religión…”, dice mi madre. Dalton, de leerlo, no le gustaría.

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Como ya dije, creo que no será borrado. Al menos es poseedor de uno de los dos peinados más iconográficos de la literatura nacional (el segundo se los debo, será un post individual, piensen quien puede ser).

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Y, hablando de iconografía literaria y a modo de colofón, recuerdo un día en que vi a Galindo en el foyer del Auditorio de FEPADE, para la Semana de la Lectura de este año, dedicada a Claudia Lars y Salarrué. Recuerdo los flashes, todos los flashes. Muchos flashes de muchos medios. Y, al medio de cada uno de ellos, Galindo tocaba (¿o retocaba?) puntos específicos de su iconografía. Flash. Anillo. Flash. Solapa. Flash. Botón. Flash. Cabello. Flash...

2 comentarios:

Nadie dijo...

Encantome, Yin.

malvadoyin dijo...

Encantome que encantote, Nadie.