29 de junio de 2008

Levántalo

Les quisiera haber presentado una fotografía, pero no tengo cámara por el momento. Es un papelito que me encontré un día de estos que me dirigía a trabajar por la mañana. Un papelito doblado en varias partes. Y una sola palabra en el frente: levántalo. Y la emoción. Y el desdoblarlo. Y el desdoblarme. Y el leer una frase que no me impresiona demasiado: "Sin Santidad Nadie Verá Al Señor Dios Todo Poderoso", en una caligrafía parecida a la de Picasso.
Por un momento, antes de desdoblarlo, pensé que iba a ser una puteada o algún dibujo de baño público o algún número de celular con la subsiguiente invitación a gozar de un buen sexo telefónico.
La frase no me impresiona pero sí siento que es hermoso que alguien más se preocupe por alguien más y que se tome un tiempo para escribirle algo. Al menos a mí me gustó encontrármela. Pero más me hubiera gustado que dijera (ya me dieron ganas de hacer papelitos y dejarlos tirados por ahí):

1. Te amo, quien quiera que seas (lo mínimo, aunque chafa);
2. Tu pelo y tus zapatos son feos, pero así te quiero (versión de la anterior);
3. Cuando haces el amor tocas hasta mi piel (con intención metafísica);
4. Te espero en la antena que no existe (para pasar pensando todo el día);
5. Hola, ¿cuál es tu nombre? El mío es Papel, mucho gusto (escena absurda I);
6. ¿Por qué me levantaste? Estaba bien el piso… ah, ya sé, de seguro fue Reverso quien te lo pidió: es un hijo de puta! (escena absurda II);
7. Ahora bótalo (escena absurda III) (para esta necesitaría una videocámara y grabar a las personas y luego hacer un video-arte);
8. Homo homini lupus est (¡Traduzca, López!);
9. Big brother is watching you (1984) (la videocámara podría funcionar aquí también); o
10. Don´t believe what you see/ don´t believe what you read (Sepultura)

Y vos, si te encontraras un papelito doblado que dijera levántalo y lo levantaras y lo desdoblaras, ¿qué te gustaría que dijera?

27 de junio de 2008

El encuentro con Borges

Según Augusto Monterroso, en Movimiento perpetuo, "no sucede nunca sin consecuencias. He aquí algunas de las cosas que pueden ocurrir, entre benéficas y maléficas.

1. Pasar a su lado sin darse cuenta (maléfica).
2. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo durante un buen trecho para ver qué hace (benéfica).
3. Pasar a su lado, regresarse y seguirlo para siempre (maléfica).
4. Descubrir que uno es tonto y que hasta ese momento no se le había ocurrido una idea que más o menos valiera la pena (benéfica).
5. Descubrir que uno es inteligente, puesto que le gusta Borges (benéfica).
6. Deslumbrarse con la fábula de Aquiles y la tortuga y creer que por ahí va la cosa (maléfica).
7. Descubrir el infinito y la eternidad (benéfica).
8. Preocuparse por el infinito y la eternidad (benéfica).
9. Creer en el infinito y la eternidad (maléfica).
10. Dejar de escribir (benéfica)."


Me inclino por la cinco y la diez, ambas, como se nota, benéficas.

Otra lista fallida

Igual que la anterior, la comencé: No puedo vivir: sin mí/ sin el aquí y ahora/ sin el carpe diem/sin hacer algo (sobre todo con mis manos)/ sin el trabajo que ahora tengo/ sin… muchas cosas. El problema fue cuando llegué a las personas y los libros: las personas porque son muy pocas, los libros porque son muchos (¿o era al revés?, ¿no es lo mismo?). Bueno, esto me llevó a (re)confirmar lo malo que soy con las listas, y que debo recordar (para esto soy malo también) que no trataré de hacer alguna de nuevo. Sin embargo, lo último que escribí me gustó: no puedo vivir sin escribir las cosas sin las que no puedo vivir.

25 de junio de 2008

That´s the way life is (Garfield)

Me hizo llorar

Una película. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así. Monsier Ibrahim et les fleurs du Coran (2003, François Dupeyron), cuenta la historia de un chico y un viejo que, a pesar de las diferencias de edad, religión, nacionalidad y muchas cosas más, entablan una amistad muy peculiar y hermosa. Una amistad que les da, de alguna manera, sentido a sus vidas.
Muchos de los pasajes de la película son hermosos. Algunos muy alegres, como cuando caminan por las orillas del Sena hasta llegar a un parque donde un tipo les toma una instantánea, o cuando el chico vende todos los libros de su padre (que recién se ha suicidado) para pagar sus encuentros con las prostitutas de la cuadra; otros, interesantes, como cuando cruzan Europa en automóvil para llegar hasta Turquía, y van contando el recorrido mediante imágenes de los cielos y las nubes de cada país (que son las mismas, pero diferentes, of course).
Pero lo que más me gustó es cuando van en automóvil en medio de un lugar desierto de Turquía, y el chico le dice que empieza a sentir nostalgia por su barrio parisino, entonces el viejo le comenta que el corazón es como un pájaro, y, si está triste, hay que bailar. En ese momento lo lleva a un lugar donde unos derviches mewlewis bailan (son unos sufíes que visten largos trajes blancos y que dan vueltas y vueltas sobre sí mismos buscando unificarse con la divinidad, seguramente los han visto). Es aquí cuando el viejo comenta que "ellos pierden el sentido del equilibrio", y una sensación placentera me recorre el cuerpo, para terminar diciendo, como clímax, que ellos "bailan alrededor de sus corazones".
El desenlace es triste y alegre y hermoso y uno llora. Salí de la función y no sabía qué hacer, para dónde ir, y, al final, decidí caminar hasta mi casa para darme el chance de asimilar lo sucedido (subir a un micro, con el agravante de perreo y motorista temerario y gente que no le importa nada de las cosas que de verdad importan, significaba cortar la belleza del momento, el sentimiento, el ambiente interior).
No quiero terminar este post sin transmitirles una frase del viejo (que no sé si es del Corán) que me ha quedado en la cabeza, dando vueltas sobre sí misma como los derviches mewlewis en el salón, una frase que hace perder el sentido del equilibrio, de la lógica o de la razón (ya no sé cuál), una frase simple: "lo que das es tuyo para siempre".

Lista fallida

Iba a decir que soy un tipo duro, insensible. Y comencé a hacer una lista de cosas que me hacen llorar, esperando que fueran muy pocas. Lo curioso fue que la lista no terminaba y cada vez se hacía más larga. Uno puede llorar hasta con la palabra "excusado" si tiene ganas de llorar, dice Jaime Sabines (mucho de lo que él escribió estaba en la lista). Quizá eso lo resuma. De lo que sí me di cuenta, haciendo esa lista, es que muchas de las cosas que me hacen llorar, que me conmueven profundamente, tienen que ver con el arte (cuadros, canciones, películas). Torpe hallazgo: ya lo sabía, sin haber hecho la lista. Soy malo para muchas cosas, pero para eso de las listas y los auto-análisis-psicológicos soy peor.

21 de junio de 2008

Alguna vez

¿Les han dado ganas de no devolver un libro que les han prestado?
¿Cuál libro?
¿A quién?
¿Por qué?

(Yo estoy en ese dilema.)

Recaí (de nuevo)

Comprar libros es un vicio. Me había prometido a mí mismo no comprar más hasta leer los que ya tengo. Pero un día de estos recaí.
Muchas cosas se juntaron: un título seductor que desde hace rato buscaba, el dinero en la cartera (cosa rara últimamente), el sentimiento placentero de ver litografías de Chagall y el presentimiento del vodka (que le da a uno un toque de impulsividad) (para ir acorde con Chagall). Demasiados estímulos juntos.
Podría sentirme culpable, pero, después de leer las primeras líneas, cualquier posible culpa desaparece.

“La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.”

Aungusto Monterroso, en Movimiento perpetuo

Un día de estos releí este párrafo

“La actual felicidad siempre parece muy menguada en comparación de las compensaciones que brinda la miseria. Y, además, la estabilidad no es ni con mucho tan espectacular como la inestabilidad. Y el estar satisfecho no tiene el encanto de una denodada lucha contra la desgracia, ni el pintoresquismo de una pugna contra la tentación, o de una fatal derrota a manos de la pasión o de la duda. La felicidad nunca es grandiosa.”

Aldous Huxley, en Un mundo feliz

17 de junio de 2008

Escenitas de un viernes trece

I
(Obra dentro de la obra, uno)
Veo una presentación de teatro universitario y me aburro. Lo único que me gusta son los colochos de alambre (algunos, no todos) que han moldeado y puesto en la puerta de la escenografía.

II
(El atropello, uno)
Compramos el almuerzo. Se ven buenas las tortitas de pollo. El refresco de tamarindo no me gusta mucho (a menos que esté ralo, no muy concentrado). Regresamos a la escuela para comer ahí. Cruzamos la calle; un auto espera. Vamos a media calle cuando el auto arranca. Tavo alcanza a hacerse hacia atrás, yo no. El parachoques alcanza mis espinillas y caigo al suelo, a un lado del auto. Me levanto, estoy a salvo, algunos raspones nada más. El almuerzo está a salvo también. El que no está a salvo es el refresco de tamarindo embolsado: tiene un agujero, se vacía poco a poco. No me gusta. Vuelvo a ver al conductor y estrello la bolsa de refresco de tamarindo en su parabrisas (por dentro) y en su cara. Él dice algo que no logro entender, balbucea, no arranca. Seguimos caminando, nerviosos.

III
(Vuelta a la razón)
Comemos. Las tortitas de pollo están deliciosas. Hablamos de lo sucedido.
- No quiero que te muras.
- ¿No te pasaron todas las imágenes de tu vida frente a vos?
Y pienso en mi reacción, tan repentina, tan imprevisible, tan no-yo. ¿Y qué si el tipo se bajaba?, ¿y qué si me daba un tiro?, ¿y qué si…?. Y mejor no le hubiera tirado el refresco, estaba tal y como a mí me gusta: ralo.

IV
(Obra dentro de la obra, dos)
A pesar de estar medio atropellado, aún funciono, aún soy multiusos. Ya instalé las fotografías en la antesala y ahora me dedico a repasar las luces para el espectáculo (es mi primera vez a cargo de las luces y siento un vacío en el estómago, como de enamorado) (recuerdo que el director nos contó una vez de un tipo en Rusia al que despidieron por ingresar unas luces fracciones de segundo antes o después de lo estipulado).
El director nos dirige unas palabras antes de comenzar la presentación:
- Abran su mente; sepan que han nacido para estar en el lugar donde están, cada uno de ustedes; sientan la respiración del otro; todos somos uno. Ahora tenemos un público numeroso, mucha energía será proyectada hacia nosotros, que somos menos. Recibamos esa energía, busquemos sumar.
Poco más de 75 personas entran a la sala. La energía se siente. No se está quieta. Va del silencio al grito, del grito al corazón acelerado por el tambor, del tambor a la flauta, de la flauta a la calma. La calma del final. Un círculo que se cierra.
Estar a cargo de las luces es como pintar sobre negro. Es como ser el sol. El rey sol por casi una hora.

V
(El atropello, dos)
Celebramos con una cena el cumpleaños de Frank. La pasamos rico, conversamos rico, comemos rico: pizza mitad vegetariana, mitad nosequé. Terminamos y nos despedimos. Es tarde, casi las nueve. Cruzamos la calle; hay policías al otro lado. Esperamos el autobús. Los policías se acercan.
- “Los vamos a revisar, por favor contra la pared.”
Somos tres. El primero, Frank, con todo y globo de Feliz cumpleaños: nada. El segundo, Tavo: nada. El tercero, yo: algo: una cuchilla para cortar papel. El policía se la mete en la bolsa de su pantalón.
- Dame tu DUI.
Se lo doy.
- ¿Cuántos años tenés?
- Veinticinco.
Me lo devuelve.
- Pueden irse.
- ¿Y mi cuchilla?
- No te la puedo dar.
Saco mi carné de estudiante de artes visuales. Se lo doy (esperando que me devuelva mi cuchilla). Me lo devuelve.
- ¿Y entonces?
- Y entonces, ¿qué?
- Mi cuchilla.
- No te la voy a dar.
- ¿Por qué?
- Porque no es hora de andar con cuchilla en la calle.
- ¡¿?!... Pero si es mi cuchilla, unos de mis instrumentos de trabajo.
- Pero no te la puedo devolver.
- Bueno.
Me acerco a su placa lo más que puedo. Repito el número para grabarlo en mi memoria. Saco mi libreta y lo anoto. Él se va. Seguimos esperando el bus. A los pocos minutos, vuelve:
- Dame tu DUI.
- ¿Para qué lo quiere?
- Dame tu DUI.
- No se lo voy a dar porque ya lo vio y porque de repente y no me lo devuelve, como mi cuchilla.
- Que me des el DUI.
- Y si ya lo vio, ya sabe como me llamo, ya sabe mi edad… ¿para que lo quiere?
- Es que no podes cuestionarme.
- ¿Por qué no?
- Bueno, dame el DUI.
- No se lo voy a dar porque ya lo vio.
- ¿No me lo vas a dar?
- No.
Alza la mano y silba para llamar a otros agentes que están al otro lado de la calle. Llegan los otros agentes. Uno, al parecer de mayor rango, le pregunta:
- ¿Qué pasa aquí?
- Le estoy pidiendo el DUI y no me lo quiere dar.
- No se lo doy porque ya se lo di una vez, ya lo vio y…
- Yo no sé qué ha pasado aquí, yo sólo quiero ese DUI, ¡ya!
- No se lo voy a dar.
En ese momento hay un diálogo silencioso entre los dos agentes, como si le preguntara del por qué de la discusión. El primero le muestra la cuchilla subrepticia. A estas alturas ya estoy resignado a perderla. Ya me vale todo. Menos el bus, que llega prudentemente, y mientras siguen en discusiones estériles y sin sentido, nosotros damos la vuelta y lo abordamos. Salú, lulú.

Fight fire with fire

Quemaron un par de buses cerca de la Universidad de El Salvador: “Vamos a incendiar la unidad en repudio al aumento del pasaje”, dijeron. Y derramaron la gasolina, ésa misma, la que está tan cara. Fire!

15 de junio de 2008

Hoy cumple 82 años

Jaime Sabines. He aquí los tres poemas que más me gustan del libro que más me gusta de todos: Tarumba (1956).

***

PRÓLOGO

Estamos haciendo un libro,
testimonio de lo que no decimos.
Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,
nuestros ojos, las manos que tuvimos,
los corazones que ensayamos;
nos traemos al libro,
y quedamos, no obstante,
más grandes y más miserables que el libro.
El lamento no es el dolor.
El canto no es el pájaro.
El libro no soy yo, ni es mi hijo,
ni es la sombra de mi hijo.
El libro es sólo tiempo,
un tiempo mío entre todos mis tiempos,
un grano en la mazorca,
un pedazo de hidra.


***

Tarumba.

Yo voy con las hormigas
entre las patas de las moscas.
Yo voy con el suelo, por el viento,
en los zapatos de los hombres,
en las pezuñas, las hojas, los papeles;
voy a donde vas, Tarumba,
de donde vienes, vengo.
Conozco a la araña.
Sé eso que tú sabes de ti mismo
y lo que supo tu padre.
Sé lo que has dicho de mí.
Tengo miedo de no saber,
de estar aquí como mi abuela
mirando la pared, bien muerta.
Quiero ir a orinar a la luz de la luna.
Tarumba, parece que va a llover.

***

¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,

con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Qué puedo hacer en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Qué puedo con inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombres sino poesía?
¿Qué puedo entre los poetas uniformados
por la academia o el comunismo?
¿Qué, entre vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?

13 de junio de 2008

Bueyes perdidos alucinógenos (a propósito de Dalí)

(Foto que tomé con la cámara que me hace tanta falta.)

Extraño mi cámara fotográfica

(Juego de interpretación: ¿qué ves?)

9 de junio de 2008

Veinticinco

“Quién sabe cuándo, cuándo es le momento de decir ahora,
si todo alrededor está gritando sin demora, sin demora.”

Jorge Drexler

“Lo más profundo y completo que puede expresar un hombre
no lo hace con palabras sino con un acto: el suicidio.
Es la única manera de decirlo todo simultáneamente
como lo hace la vida.”

Jaime Sabines

Recién he cumplido veinticinco.
A estas alturas debería tener tatuada mi espalda y un EEG más en mi record médico. Pero no he tenido dinero ni tiempo. Sin embargo, éste es el año. Intuición, señales, destino, superstición, numerología, qué se yo.
Regalos.
Abrazos y besos.
Un almuerzo improvisado. Pizza. Vela y deseo incluidos.
Un juguete nuevo-kit para serigrafía. Un cartucho de Henna para hacer tatuajes temporales. Un engraver pen.
Un recital en honor a Jaime Sabines en Los Tacos de Paco para escasas cuatro personas y leer allí El llanto fracasado, Así es y Los amorosos, de su libro Horal (1950), y saber que nació un 15 de junio de 1926.
Un felicidades Rivera-Lorca desde el otro lado del océano (¿cuál otro lado?, ¿cuál océano?), un cuatro de junio que allá ya es cinco.
Un payin dicho por Rodrigo.
Un amor que se filtra por las flores de papel desechable amarillo y blanco que amanecieron pegadas por todos los rincones de la casa.
Un amor que sobrevive a la buena comida: pollo empanizado con avena, medio litro de cerveza alemana de trigo, cheese cake...
Una felicitación inesperada.
Una proposición indecorosa.
Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona.
Una carta. Una hermosa carta. La más hermosa que me han escrito. Papel frágil, casual, pequeños orificios, letra roja, rápida:
“Yo no voy a desearte que tengás toda la felicidad del mundo, ni que seas exitoso y/o tengas muchos hijos. Ni que te formalicés. Yo quiero que seas siempre inestable, variante, indeciso.
Que no perdás nunca ese
je-ne-sais-qoui tan exquisito. Poder ver esa casi alegría en tus ojos y tu sonrisa medio picarona.
Porque te quiero un montón.
(…)
Por estar ahí, al alcance del corazón.”

Un grupo de personas que están tan cerca de mis lágrimas y sonrisas (cómo el libro que tanto me gusta de Khalil Gibrán).
La vida tiene una forma extraña y hermosa de hablar (Sabines lo sabía). Yo recién he cumplido veinticinco y qué bien que no puedo (ni quiero) decirles nada de la vida, nada que la vida no les haya dicho antes o que les dirá dentro de poco, a cada uno, en secreto.

O es lo de la globalización o no sabemos quienes somos o nos vale ***** todo o no debería escribir esto porque me gusta tanto la diversidad

Domingo. No tengo cable TV. Hurgo con el pulgar a ver si encuentro algo que valga la pena (aunque soy un hombre de poca fe) (debería estar en la iglesia, ahora que recuerdo) (también tengo mucha mala memoria) (y mala vibra). Musical 10 (el canal diez a veces, muy pocas, menos de diez, me salva). “El verdadero apoyo a los artistas nacionales” (slogan). Un grupo Policías Nacionales Civiles uniformados tocando música andina (me producen cierto sentimiento de incongruencia, pero bueno, las personas son así, aparte de sus quehaceres, sus labores, tienen sus aficiones, sus gustos, y también su derecho a). El carnavalito (lo “normal”). Mi sentimiento de acrecienta cuando tocan And I love her (aunque también me sorprende como se mezclan las influencias). Y después Flor de Luna (con un solo en kena muy fiel al original de Santana). Y bueno, ya nada me sorprende (pero como veremos después, esto es mentira, sólo lo escribí para darle mayor énfasis a la parte final del post). Y de pronto suena Imagine, con toda su carga no-violenta y revolucionaria e idealista (y me imagino a los policías, sí, los del grupo, participando en algún control de revoltosos, en alguna golpiza o en cosas peores, no sé, mi mente es algo inquieta y ve cosas que quizá no existen). Y ahora sí, ya nada me sorprende (esto es, de nuevo, mentira) (recuerdo unas palabras de Cocteau: soy un mentiroso que siempre dice la verdad). Porque siempre hay algo más que puede darnos el knock-out. Sí, hay algo más, el nombre del grupo. “Sentimiento Maya” (¿no es en el nombre de un grupo donde reside la esencia de lo que hacen, lo que le da la personalidad, el carácter, la identidad?). Recuerdo que una vez conocí a una antropóloga española, la cual me preguntaba sobre grupos de música folklórica salvadoreña (no supe decirle nombres, no los conozco, sólo supongo que los hay, pero que no son conocidos) y luego salieron a bailar (a tocar, mejor dicho) la gran cantidad de grupos de música andina que andan por ahí: “¿sabes si gente de los países andinos migró hacia El Salvador en algún momento?”. No sé. Sólo sé que no sé nada. Pero si pienso en que no sé nada, pienso a final de cuentas, y si pienso, entonces, luego existo. Algún día, ojalá. Lo malo es que, como hombre de poca fe, no creo en la reencarnación (y menos si es domingo). Mejor dejo de ver TV. Mejor me levanto y pongo (En) el séptimo día, de Soda Stereo. Y escribo esto. No descansaré.

Chiste que me contó mi mamá

Una noche, en su cama, un tipo decía:
no desayuno por estar pensando en ti,
no almuerzo por estar pensando en ti,
no ceno por estar pensando en ti,
y no duermo porque tengo hambre.

4 de junio de 2008

Gracias a Golden Tracks

Están vendiendo una edición especial de tangos, ché. Y, como es de esperar, dan una probadita. Pasan los títulos de las canciones como los créditos de una película, unos en blanco, otros resaltados (los que suenan, por supuesto). Lo saben, sha lo sé. Un día de estos, mientras hacía no sé qué cosas, escuché en dicho comercial la melodía de una canción, y dije: “pará, pará”. Me moría. Era esa canción. Cojí una lapicera para anotar el nombre y luego me dediqué a buscar-la (hashé varias versiones: Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo, Ástor Piazolla, Julio Iglesias, Pérez Prado y hasta unos mixes).

***

El Choclo

Con este tango que es burlón y compadrito

se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
con este tango nació el tango, y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo;
conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más ley que su esperanza,
mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.
Por tu milagro de notas agoreras
nacieron, sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna de charcos, canyengue en las caderas
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte, tango querido,
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...
Hoy que no tengo más a mi madre,
siento que llega en punta 'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.

Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina.
Triste compadre del gavión y de la mina
y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura
se hicieron voces al nacer con tu destino...
¡Misa de faldas, querosén, tajo y cuchillo,
que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón!

Al evocarte, tango querido,

siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...
Hoy que no tengo más a mi madre,
siento que llega en punta 'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.

***

Esa canción es la que mi madre, cada vez que shegaba a casa después de laburar todo el día, cuando pibes, nos tarareaba y nos bailaba. Esha nos tomaba en sus brazos y bailábamos por toda la casa al compás del tarara rira rira rira rira ran tan, tarara rira rira rira ran tan. Siempre lo recordamos y lo recordaremos. Ahora esha la baila con Rodri (su nieto, mi sobrino) y de vez en cuando con nosotros. Hermosa mi madre. Hermoso el tango. Hermosa la Argentina, ché.

Conversación de dos tipos el sábado por la noche en la 101-D (1)

- ¿Qué ondas, culero?, ¿qué te has hecho?
- Puta, siempre en todo. ¿Te llevo eso?... ¿que traés, hijueputa? (2)
- Unos zapatos. Los ando vendiendo.
- Andas de calzador, entonces…
- El Zarco es el calzador… pero de vergas, hijueputa!
- ¿Se ha calmado aquél?
- Sí, puta. Te acordás aquella fiesta. Estabamos bien a verga y aquel hasta los huevos les dejó adentro. (3)
- Sí, me acuerdo. ¿Pero a la weed le sigue dando?
- Noooo… pero yo sí tengo un poquito en la casa… cuando llegue me la voy a dar con un guarón. Hoy ya no tomo cerveza, sólo guarón. (4)
- ¿Ya lo tenés listo para la final de mañana, entonces?
- Sí. ¿Y vos la vas a ir a ver?
- No, en la casa la voy a ver.
- Yo también… pero a mi Firpito no me lo pierdo.
- A la puta, ahí si vamos a tener problemas.
- No me digas que sos del FAS.
- Sí, culero.
- Apues nos vamos a dar verga. Somos amigos, pero nos vamos a dar verga. Pero que nos demos verga no quiere decir que dejemos de ser amigos… eso es de boyas! (5)
- Aguevo.
- El boya era el Care-perro. (6)
- ¿Y ése?
- Un hijueputa que surfeaba. Era bueno. Le decíamos Care-perro porque sólo con la lengua de fuera andaba… y peludo el hijueputa. Iba a un colegio que está aquí por la San Benito… no me acuerdo el nombre.
- ¿Y vos dónde surfeás?
- En Punta Roca. ¿Y vos?
- Yo me las doy en el Sunzal.
- Ah, las del Sunzal son buenas, pero mi speed, puta, mi speed está en Punta Roca. Varias veces me he salvado de estrellarme ahí. Es que soy un D. de los vergones.
- ¿D.?
- Sí, culero. No de los R. D., ni de los del Espino.
- Tenés bolas, entonces.
- Sino de los D. G., mirá, te voy a enseñar mi DUI.
- Ah, ajá.
- De los G., de los pactados.
- ¡Puta!
- Sí, cabrón, por eso es que estoy salado. Acordate que el pacto dura cien años. Pero, eso sí, a mí los espíritus me tienen miedo.
- ¿Y eso?
- Puta, vos no sabes. La otra vez andaban unos por mi casa y los mandé a la mierda. Al otro día me di cuenta que había amanecido muerto un gato cerca de la ventana. Y yo creí que era mi gato, pero comencé a llamarlo y salió del cuarto el hijueputa.
- ¡¿Má?!
- Sí, cabrón. Y no he querido botarlo, ahí está el hijueputa. Y hiede. Pero a mí me vale verga.
- ¿No te molesta?
- Yo como cerca y hiede y duermo cerca. Me vale verga. (7)
- (…)
- Me vale verga.
- (…)
- Me vale verga.

***

(1) No sólo estaban lo suficientemente cerca, también hablaban muy fuerte. Hay cosas, detalles, ampliaciones de temas que no recuerdo, pero estructuralmente está completa. Quizá fueron unos siete minutos.
(2) Era una bolsa negra, grande, envolviendo algo cúbico.
(3) Yo también he pensado mucho en el sentido de esta oración.
(4) Dijo la marca del guarón, pero no la recuerdo, lastimosamente.
(5) En esta parte fue muy enfático. No sé si así se escribe boya.
(6) Cara de perro

(7) Me levanté y busqué la salida. Sólo escuché que repetía las últimas palabras.