14 de diciembre de 2008

Yves Klein y mi mamá: época azul

“Renunció a continuar estudiando los matices y se centró únicamente en un color: el azul. Este azul debía, a su vez, aunar el cielo y la tierra y disolver el horizonte plano”, cuenta Hannah Weitemeier, en Klein, de la editorial Taschen.
Es el último libro que he leído; lo compré hace unos cinco años. En aquel momento me interesó mucho. Ahora me interesó más. Y tal parece que a mi madre también le gusto. Ese es el poder de Yves – Le Monochrome: el poder de arrastrarnos con su halo místico hacia eso tan cercano y tan antiguo, tan simple e inefable, tan común y enigmático.
Las dos primeras imágenes muestran el RE 19 (relieve de esponjas) y diversas esculturas de esponjas realizadas por Yves entre 1958 y 1962 (año de su muerte). La tercera muestra las piedras pintadas y apiladas en el jardín desde hace un par de semanas por mi madre (vaya usted a saber si por alguna influencia de Arman, que, por cierto, era uno de los mejores amigos de Yves). La cuarta muestra un paralelepípedo de tronco azul, la más reciente de las obras de mi madre bajo los influjos de Yves.

“¿Qué es el azul? El azul es lo invisible haciéndose visible… El azul no tiene dimensiones. «Está» más allá de las dimensiones que forman parte de los otros colores”, escribió Yves, el pintor del espacio que se arrojó, literal y figuradamente, al vacío.

2 comentarios:

Elena dijo...

Qué linda tu mamá, me gusta el gaveterito que sale atrás del paralelepípedo azul.
Regalemelo si no lo usan?

malvadoyin dijo...

Creo que mi mamá lo iba a vender. Le preguntaré de todos modos.