6 de diciembre de 2012

Media hora con Dilma (tweets)

  • Fui a que me cortaran el cabello. He filosofado con Dilma, mi peluquera, sobre los alcances, limitaciones y terminología de su profesión. 
  • Por media hora, Dilma y yo tenemos una relación y una plática tan intensa y cercana. 
  • En esa media hora se condensa, se puede contar y leer la Historia de la Humanidad a través del cabello. 
  • Y como no hay energía eléctrica, Dilma ha tenido que hacer el trabajo a tijera limpia. #placerescontemporáneos
  • Me doy cuenta que entre cortar cabello y un buen corte hay años luz. 
  • Ya quisieran las bichas-neo-cosmetólogas-estilistas-disque-profesionales-yutuberas tener la técnica de Dilma. Estudien, lean, por favor. 
  • Seguramente llego donde una bicha nueva y me dice que, por no haber energía eléctrica, no puede cortarme el cabello. 
  • Dice Dilma que antes era bien rígido: los barberos/peluqueros solo atendían hombres, las cosmetólogas solo mujeres. 
  • Los peluqueros que atendían mujeres eran, claramente, homosexuales. 
  • ―¿Y ahora hay barberos/peluqueros que atiendan mujeres, como cosmetólogas que atienden hombres?, le pregunto./ ―Han aprendido, hay de todo. 
  • Era bien sexista la cosa, quizá como sigue siendo. 
  • Y le hago preguntas raras: ―¿Alguna vez le ha venido alguien con alguna enfermedad en la cabeza?/ ―Antes venía mucha gente con piojos. 
  • Y recuerdo (#confiesoque): tuve piojos una vez, cuando chico, y mi mamá nos pasó el peine fino. 
  • Luego hablamos de los títulos y sus diferencias: cosmetóloga, estilista, peluquer@, colorista, barbero, acrilista, etcétera. 
  • Y aprendí uno nuevo: visajista. 
  • No sé qué haré cuando Dilma ya no me corte el cabello.

4 de diciembre de 2012

En el camino, Tercera parte, 11

«Era hora de que nos moviéramos. Cogimos un autobús a Detroit. Nuestro dinero bajaba. Cargamos con nuestro miserable equipaje por la estación. Por entonces el vendaje del dedo de Dean estaba negro como el carbón y todo deshecho. Teníamos el aspecto miserable que tendría cualquiera que hubiera hecho las cosas que habíamos hecho. Dean se quedó dormido en el autobús que recorrió el estado de Michigan. Entablé conversación con una apetecible campesina que llevaba una blusa muy escotada y exhibía parte de sus hermosos pechos tostados por el sol. Era medio idiota. Me habló de los atardeceres en el campo haciendo palomitas de maíz en el porche. En otra ocasión eso me hubiera alegrado pero como ella no estaba nada alegre cuando me lo contó, me di cuenta que era algo que hacía porque debía hacerlo, y nada más.
—¿Y qué más haces para divertirte?
Intentaba hablar de ligues y de sexo. Sus grandes ojos negros me miraron vacíos y con una especie de tristeza que se remontaba a generaciones y generaciones de gente que no había hecho lo que estaba pidiendo a gritos que debía de hacer... sea lo que sea, aunque todo el mundo sabe lo que es.
—¿Qué esperas de la vida? —añadí queriendo sonsacarla; pero no tenía la más ligera idea de lo que quería o esperaba. Habló vagamente de empleos, del cine, de visitar a su abuela en verano, de que quería ir a Nueva York y ver el Roxy, de la ropa que llevaría... algo parecido a lo que estrenó en Pascua: un gorrito blanco, rosas, zapatos color de rosa y una chaqueta de gabardina color lavanda.
—¿Qué haces los domingos por la tarde? —le pregunté.
Se sentaba en el porche. Los chicos pasaban en bicicleta y se paraban a charlar un rato. Leía tebeos, se tumbaba en la hamaca.
—Y las noches calurosas de verano, ¿qué haces?
Se sentaba en el porche, veía pasar los coches por la carretera. Y ayudaba a su madre a hacer palomitas. —¿Y qué hace tu padre las noches de verano?
Trabajaba, tiene el turno de noche en una fábrica de cacharros de cocina, dedica toda su vida a mantener a su mujer y sus hijos sin merecer nada a cambio, ni siquiera respeto.
—Y tu hermano, ¿qué hace tu hermano los veranos por la noche?
—Pasea en bicicleta por delante de la heladería.
—¿Y qué quiere hacer tu hermano? ¿Qué queremos hacer todos? ¿Qué hacemos de hecho?
Ella lo ignoraba. Bostezó. Tenía sueño. Aquello era demasiado. Nadie podría expresarlo bien. Todo había terminado. Tenía dieciocho años y era preciosa y estaba perdida.
Y Dean y yo, harapientos y sucios como si hubiéramos vivido en un vertedero, nos apeamos del autobús en Detroit. Decidimos pasar la noche en uno de los cines de sesión continua del barrio chino. Hacía frío para pasarla en un parque. Hassel había vivido en el barrio chino de Detroit, conocía todos los billares y los cines nocturnos y los ruidosos bares. Lo había observado todo con sus ojos oscuros muchísimas veces. Su espíritu se apoderó de nosotros. Nunca volveríamos a verle en Times Square. Pensamos que quizá el viejo Dean Moriarty anduviera casualmente por aquí... pero no estaba. Por treinta y cinco centavos cada uno entramos en un cine destartalado y nos tumbamos en el entresuelo hasta por la mañana, que nos echaron. La gente que había en aquel cine nocturno era de lo peor. Negros destrozados que habían venido desde Alabama a trabajar en las fábricas de automóviles y no tenían contrato; viejos vagabundos blancos; jóvenes hipsters de pelo largo que habían llegado al final del camino y le daban al vino sin parar; putas, parejas normales y corrientes y amas de casa que no tenían nada que hacer, ningún sitio al que ir, ni nadie en quien confiar. Si se pasara a todo Detroit por un tamiz no quedarían reunidos mejor sus desechos. Eran dos películas. La primera era del vaquero cantante Eddie Dean y su valiente caballo blanco Bloop; la segunda era de George Raft, Sidney Greenstreet y Peter Lorre, y se desarrollaba en Estambul. Vimos cada una de ellas seis veces a lo largo de la noche. Las vimos despiertos, las oímos dormidos, las seguimos soñando y cuando llegó la mañana estábamos completamente saturados del extraño Mito Gris del Oeste y del sombrío y siniestro Mito del Este. A partir de entonces, todos mis actos han sido dictados automáticamente por esta terrible experiencia de osmosis. Oí las terribles risotadas de Greenstreet mil veces; oí otras tantas el siniestro "Vamos'" de Peter Lorre; acompañé a George Raft en sus paranoicos temores; cabalgué y canté con Eddie Dean y disparé contra los bandidos innumerables veces. La gente bebía a morro y se volvía y miraba a todas partes buscando algo que hacer, alguien con quien hablar. Al fondo todos estaban quietos y con aire de culpabilidad y nadie hablaba. Cuando llegó el gris amanecer y se coló como un fantasma por las ventanas del cine, estaba dormido con la cabeza apoyada en el brazo de madera de la butaca y seis empleados me rodeaban con toda la basura que se había acumulado durante la noche; la estaban barriendo y formaron un enorme montón maloliente que llegó hasta mi nariz... estuvieron a punto de barrerme a mí también. Esto me lo contó Dean que observaba desde diez asientos más atrás. En aquel montón estaban todas las colillas, las botellas, las cajas de cerillas, toda la basura de la noche. Si me hubieran barrido, Dean no me habría vuelto a ver. Hubiera tenido que recorrer todos los Estados Unidos mirando en todos los montones de basura de costa a costa antes de encontrarme enrollado como un feto entre los desechos de mi vida, de su vida, y de la vida de todos. ¿Qué le habría dicho desde mi seno de mierda?
—No te preocupes por mí, tío, aquí me encuentro muy bien. Me perdiste aquella noche en Detroit, era en agosto de mil novecientos cuarenta y nueve, ¿recuerdas? ¿Con qué derecho vienes ahora a perturbar mi sueño dentro de este cubo de basura?
En 1942 fui la estrella de uno de los dramas más asquerosos de todos los tiempos. Era marinero y fui al Café Imperial, en Scollay Square, Boston, a tomar un trago; me bebí sesenta cervezas y fui al retrete donde me abracé a la taza y me quedé dormido. Durante la noche por lo menos un centenar de marinos y de individuos diversos fueron al retrete y soltaron sus excrementos encima de mí hasta que me dejaron irreconocible. Pero ¿qué importaba...? El anonimato en el mundo de los hombres es mejor que la fama en los cielos, porque, ¿qué es el cielo? ¿qué es la tierra? Todo ilusión.»

11 de septiembre de 2012

La chica coreana evangélica

Tardó en hablarme. Esperó a que me sentara a su lado en la 101-D y que comenzara a leer el libro de Ana Escoto. Sacó un folleto de su cartera y esperó un poco más. No sé por qué, un momento, casi furtivamente, me comenzó a hablar. La cosa, si mal no la recuerdo, comenzó más o menos así:
―¿Usted cree en Dios, verdad?
―¿En cuál dios?
―¿No cree en Dios?
―Soy budista.
―¿Budista?
―Sí, budista. ¿No conoce el budismo?
Hizo cara de «¿Y este maje de qué está hablando?» pero con ojos chinitos.
―No ―encogiendo los hombros.
―¿De qué país es usted?
―Corea.
―Qué raro que no conozca de budismo, es originario de Asia. Japón, India y hasta su país tiene una amplia tradición budista de más de 2500 añ...
Cada cosa que decía la iba poniendo más tímida, hasta que guardó su folleto y vio por la ventana. Sin embargo yo moría porque me contara su trip, que me mostrara sus cromos y explicara su cosmogonía, por lo que le continué hablando:
―¿Y usted de qué religión es?
―Evangélica... ¿Quiere saber?
―Claro.
Sacó de nuevo su folleto y me empezó a hablar del Dios Cristiano, apoyándose en sus cromos poco diseñados y feos, pero que, en dicha situación, me parecían muy interesantes. En toda la plática, en la que de vez en cuando me hacía leer partes de los cromos, quiso darme a entender, como si fuera un niño de siete años, de que Dios no puede ser solo, que los católicos han dado relevancia a la Imagen Masculina de Dios. Peo que existe una Imagen Femenina...
―¿Le gustaría estudiar más esto?
Leyó el silencio que hice y dudó en sacar la mano de su cartera.
―Sí.
Al escuchar esto sacó un folleto y me dijo que atrás estaba su nombre (Hyemin) y números.
―¿Me puedes dar tu nombre, número o tu dirección?
―Me encantaría pero me bajo en la próxima parada, pero mucho gusto, me llamo William...
William, sí. En ese momento recordé la frase que abre la segunda parte del libro de Ana, escrita por William Blake: «Toda cosa posible de creer es una imagen de la verdad.»

17 de agosto de 2012

Leyendo tweets en la FEA

8 de agosto de 2012

Epic fails oficiales y con proyección internacional



No solo Milagrito y Dream Theater, como en los dos anteriores posts. Hasta en las mejores familias.